Ruinas alienígenas en el sistema solar



El Planeta Rojo siempre ha estimulado la imaginación de la Humanidad y, ya en 1877, las observaciones del astrónomo Giovanni Schiaparelli dieron pie a la creencia de que existían una serie de canales artificiales en Marte. El progreso en la investigación demostró que aquellas supuestas estructuras se debían a una mala observación. Sin embargo, esto no significó que más tarde no aparecieran nuevos enigmas en la árida superficie marciana.
El ejemplo más conocido de posibles formaciones artificiales en Marte es el de la famosa cara humanoide de la región de Cydonia. Fotografiada originalmente por la sonda Viking 1 en 1976, su impresionante aspecto –que a muchos recordó el estilo del Antiguo Egipto–, sigue siendo un reto para muchos estudiosos. Aunque algunas de las últimas imágenes difundidas, como las obtenidas por la Mars Global Surveyor hace ocho años, parecen indicar que se trata de una formación de origen natural. Pero no todo el mundo está de acuerdo. El doctor Horace Crater, del Instituto Espacial de la Universidad de Tennesse, realizó un detallado estudio de la nueva imagen que arrojó la existencia de una serie de simetrías que indican un origen no natural. A una conclusión similar llegó Tom van Flandern, antiguo director del Observatorio Naval de los EE UU.
El misterioso rostro no es el único misterio de Cydonia, pues en esa misma zona se vislumbran multitud de formaciones anómalas que parecen estar distribuidas en función de un patrón inteligente. Una aparente pirámide, una formación que por su curiosa geometría fue bautizada como «la fortaleza», y lo que tiene el aspecto de las ruinas de una antigua ciudad son algunas de las formaciones anómalas de la zona. En junio de 1999, Horace Crater,Mark Carlotto –especialista en técnicas de procesamiento de imágenes–, y el profesor de filosofía Stanley McDaniel, presentaron un informe en el congreso de la Unión Geofísica Americana en el que calculaban que la probabilidad de que las alineaciones y simetrías detectadas fuese debida al azar era sólo de 31 entre dos millones. Algo realmente muy difícil de atribuir a la casualidad.
Pero Cydonia no es la única zona de Marte en la que se han apreciado posibles construcciones artificiales. Valle Marineris y Ares Vallis son otras dos regiones en las que se han detectado formaciones que siguen unos patrones geométricos que parecen indicar un origen no natural. En Syrtis Major, por ejemplo, la sonda Mars Global Surveyor obtuvo una imagen en la que aparece una nueva cabeza de apariencia humanoide, que se encuentra semienterrada, y junto a ella un pictograma y lo que parece una gigantesca escultura de un animal. En otras zonas las extrañas formaciones se asemejan a gigantescos cilindros, tubos semienterrados o puentes.
Los satélites de Marte siempre han estado rodeados por un aura de misterio, en especial Fobos, que tiene un movimiento de traslación más rápido que el de rotación del planeta, una de las razones por las que se especuló sobre su origen artificial. La llegada de las sondas que los fotografiaron despejaron las dudas. Fobos, como Deimos, no es más que una gran roca espacial. Sin embargo, es posible que ambas encierren todavía algún misterio.
Entre las anomalías más destacadas de Japeto se encuentra la presencia de un gigantesco anillo ecuatorial, que se eleva por encima de los veinte kilómetros de altura y que, según plantea Hoagland, sería el refuerzo que uniría las dos mitades semiesféricas que formarían el satélite. Además, en su superficie se aprecian una serie de patrones geométricos, que podrían ser la clave de la composición de este posible astro artificial, una especie de versión de la «Estrella de la Muerte» de la saga cinematográfica de La Guerra de las Galaxias. Estaría formado por icosaedros truncados, con una forma muy similar a la esférica, aunque no exactamente igual. El secreto de este satélite artificial sería su composición: nanotubos de carbono, el material conocido más resistente a la tensión.
Mucho más cerca, en la Luna, también hay indicios de posibles estructuras artificiales. Al menos así lo creen algunos investigadores. Las diferentes misiones que en la década de 1960 investigaron nuestro satélite –tanto las tripuladas como las «automáticas»–, captaron numerosas imágenes, muchas de alta calidad, que muestran algunas extrañas formaciones que no parecen naturales. En una fotografía obtenida por el Apolo 8, la primera misión tripulada que llegó a la órbita lunar, aparece el cráter Magallanes, de unos 35 kilómetros de diámetro, y en su interior lo que parece ser una gran estructura que mide tres kilómetros por cuatro. Otras imágenes del cráter Ukert permiten apreciar la presencia de formaciones de aspecto triangular, mientras que algunas muestran cúpulas, puentes, o lo que parecen grandes edificios cristalinos.
Ya sea en la Luna, en Marte, o en las lunas de Júpiter y Saturno, los indicios de posibles restos de civilizaciones no humanas se van acumulando. Sin embargo, tendremos que esperar a que los primeros astronautas lleguen a estos lejanos «yacimientos extraterrestres» para obtener una respuesta definitiva. La vuelta a la Luna, y más adelante la llegada a Marte, serán los primeros pasos en la búsqueda de las huellas extraterrestres en nuestro sistema solar.

Fuente:www.akasico.com/noticia.asp?ref=575



 

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