Los ovnis de la Guerra Civil



Kenneth Arnold no describió los objetos que había visto como «platillos volantes». Se limitó a decir que los artefactos que había observado «se desplazaban como platos rebotando en la superficie del agua». Fue la prensa quien adoptó esa errónea denominación. Curiosamente, a partir de entonces los testigos describían objetos que parecían platos voladores... El párrafo anterior recoge uno de los argumentos más utilizados por los escépticos para negar la realidad del fenómeno OVNI. Para ellos, el mito de los no identificados nació de un error periodístico. Sin embargo, la realidad es muy distinta. Estos defensores del racionalismo a ultranza olvidan (intencionadamente o no) que mucho antes de que Arnold viera aquellos objetos en forma de boomerang –esa fue la descripción real que dio– cientos, sino miles de personas en todo el mundo ya habían descrito objetos no identificados de aspecto discoidal. Y España no era una excepción. Los investigadores hemos recogido multitud de testimonios que mencionan este tipo de objetos ya a principios del siglo XX y mucho antes, cuando nadie mencionaba aún a los platillos volantes. Precisamente, unos diez años antes del avistamiento del piloto americano, España se encontraba envuelta en su Guerra Civil. No hace falta aclarar que la generación a la que le tocó vivir aquella contienda era poco dada a imaginar marcianitos verdes. No conocía la ciencia-ficción y tenía otros problemas más graves de los que preocuparse. Y sin embargo, nuestros archivos guardan varios casos en los que los testigos se encontraron cara a cara con un fenómeno que oficialmente aún no había nacido. El 17 de agosto de 1936, la isla de Mallorca se había convertido ya en uno de los escenarios de la guerra. En la fortaleza de Pollensa se encontraba destacado un grupo de unos 80 soldados y oficiales del bando nacional. El día anterior se había producido una lucha con las fuerzas republicanas, que llegaron hasta la costa mallorquina mediante submarinos por el lado opuesto al puerto. Por aquel entonces, el afamado pintor argentino Roberto Ramaugé vivía en las Baleares, y la noche siguiente al combate se encontraba en una terraza junto a otras personas observando el Mediterráneo. Todos los allí presentes miraban atentos a las aguas y el firmamento, ya que se esperaba un nuevo ataque. De pronto, y a unos 10.000 pies de altura, Ramaugé y sus acompañantes se percataron de la presencia en el cielo de tres objetos voladores muy brillantes. «Creímos que eran nuevas armas aéreas que la Alemania nazi enviaba a los ejércitos de Franco. Todo el mundo sabe que las distintas potencias ayudaron a uno y otro bando, y en esa guerra fraticida los grandes probaron distintas armas». Sin embargo, los tres artefactos que sobrevolaron el cielo mallorquín no tenían nada que ver con los aviones convencionales de la época. Su forma recordaba a la de un plato que se desplazara por el aire, y despedían una luminosidad formidable. Los OVNIs volaban a una velocidad asombrosa y los testigos los vieron desaparecer rápidamente en dirección Sur. El fenómeno de los no identificados había hecho su primera aparición en la contienda... Madrugada del 2 de octubre de 1936. Un automóvil sale desde el cuartel general de las tropas nacionales en Burgos, con destino a Biarritz. Valentine Williams, novelista y combatiente en la Primera Guerra Mundial, el torero Fernández de Arzabal y Neil O´Malley Keyes viajan en su interior. A las 4:18 horas, cuando se encuentran a 119 Km. de San Sebastián, se percatan de la presencia en el firmamento de algo fuera de lo común. Un extraño objeto –que en principio Williams identificó como un proyectil-, surcaba el cielo tras surgir de una montaña próxima. El objeto, que se desplazaba a gran velocidad, volaba a la izquierda del vehículo y en dirección norte. De pronto se convirtió en una llama de color naranja, y Williams paró el motor del coche con la intención de escuchar algún sonido, pero no oyeron nada. Al llegar a su destino, relataron con detalle lo que habían visto, y más tarde, Tom Dupree, miembro del consulado británico en Hendaya, confirmó haber visto el mismo objeto a 48 Km. de dicha población. La Guerra Civil española finalizó en marzo de 1939. Sin embargo, la actividad OVNI continuó, aparentemente ajena al desarrollo de la contienda. En mayo de 1939, según pudo averiguar Iker Jiménez, varios vecinos de la alquería cacereña de Horcajada se vieron sorprendidos por la inesperada visita de un ser de apariencia humanoide, provisto de piernas de metal y que se dejó ver en varias ocasiones. Una de las testigos, Adelaida Rubio, aseguró que la entidad –cuya aparición se veía casi siempre precedida por un fuerte destello– tenía el aspecto de un «extraño soldado», que caminaba a grandes zancadas y de forma torpe. Poco después, en el verano de 1939, varios niños que cuidaban ganado en Zahara de los Atunes (Cádiz) observaron un objeto volador de unos 18 metros de diámetro. Cuando el OVNI los sobrevoló a baja altura, tuvieron una sensación de calor. El objeto aterrizó a unos 30 metros de ellos, levantando una gran polvareda. Después se abrió una puerta, y de ella salieron dos seres, uno alto y otro bajo y grueso que con una especie de linterna iluminaban los alrededores a pesar de ser mediodía. Tras alejarse unos 20 pasos del OVNI, dieron la vuelta y entraron en él. El encuentro había durado unos 15 minutos. Mientras España intentaba rehacerse tras los horrores de la guerra, los avistamientos y aterrizajes continuaron sucediéndose por toda la geografía nacional… Los casos anteriores a 1947 se cuentan por decenas. Quién sabe cuantos encuentros habrán permanecido ocultos, guardados para siempre en la memoria de sus protagonistas... De una forma u otra, estos avistamientos que precedieron al de Arnold demuestran que los OVNIs ya surcaban los cielos cuando aún nadie había publicado las palabras «platillos volantes». Fuente:http://62.81.205.108/paginasasp/Contenidosecciones.asp?ID=2229&Nombre=OVNIS&pos=9



 

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