Conexión entre Ovnis y cementerios



En las primeras décadas del fenómeno OVNI, los investigadores hacían hincapié en la preferencia que parecía manifestar el misterio por los lugares oscuros y abandonados -canteras, vertederos, campos baldíos y cementerios- sugiriendo la posibilidad de que estas alternativas eran lugares de baja visibilidad, y por consiguiente, idóneos para el aterrizaje de
naves extraterrestres cuyas tripulaciones deseaban evitar el contacto con los seres humanos. Sin embargo, a la par que comenzaba a reconocerse el componente paranormal del fenómeno OVNI en la década de los 70, los investigadores reconocieron que esos mismos lugares habían sido igual de favoritos para los seres tenebrosos de las tradiciones terrestres.
Uno de los casos más destacados que implican la presencia de objetos voladores no identificados sobre un antiguo sepulcro en América del Norte fue investigado por el canadiense John Magor, autor del artículo Extrañas luces en los cielos de Yukón (Canadian UFO Report, Vol. 1, nº 1). El incidente se produjo en las inmediaciones de Canyon Creek, en la carretera de Alaska en diciembre de 1966, teniendo como protagonistas a la familia de un tal Bob McKinnon.
Según McKinnon, la primera impresión que tuvo de que algo andaba mal fue cuando un potente haz de luz deslumbró las ventanas de la pequeña zona de descanso para automovilistas que regentaba el testigo en dicha carretera. Más sorprendente aún fue que el haz de luz tenía su origen en un antiguo sepulcro indio a media milla de distancia.
En un primer momento, McKinnon pensó que la luz emanaba de los equipos de construcción que realizaban obras en dicho lugar, pero no tardó en darse cuenta de que esta no podía ser la causa, puesto que el haz "estaba suspendido completamente inmóvil en el aire, tal vez a una altura de 100 pies, y parecía tener un diámetro de dos pies. Era de color azul anaranjado, parecido a los destellos de un diamante".
El negociante de la zona de descanso llamó a sus parientes para que fuesen testigos del evento. Todos salieron de la estructura para tener una mejor perspectiva del fenómeno. La luz comenzó a descender lentamente sobre el sepulcro indio. La fuente de luz casi tocó tierra, iluminando las chozas de madera de cuatro pies de alto en dónde se habían depositado los cadáveres de los difuntos. "Nos dio la impresión de que estaba interesado en lugar", declaró el testigo principal.
La extraña luz desapareció tan repentinamente como apareció. McKinnon se comunicó con la Real Policía Montada Canadiense, y se le informó que el objeto tuvo que haber sido un meteorito, una respuesta que el testigo no pudo aceptar.
El informe de Magor concluye diciendo que a pesar de la falta de interés en el fenómeno OVNI por parte del negociante de la zona de descanso, el hombre "sintió que en definitiva pasaba algo sumamente extraño sobre el cementerio aquella noche".
En la noche del 21 de julio de 1977, tres miembros del departamento de policía de Bradford, Pennsylvania (EUA), llegaron a la manera en que dos objetos luminosos volaban a baja altura sobre la ciudad en dirección hacia el cementerio de Oak Hill. Esa misma noche, un OVNI triangular con luces blancas y rojas fue visto sobre Limestone, Nueva York (a cinco millas de distancia). Al mismo tiempo que se producían los avistamientos, tenía lugar otro misterio que no podía explicarse con facilidad: "señales de radio no identificadas", transmitidas mayormente en un idioma parecido al español, que abrumaban las ondas radiales de la localidad e interferían con las comunicaciones de los departamentos de bomberos y de policía.
Algunos expertos locales intentaron explicar el fenómeno como "saltos radiales" (radio skips, en inglés), jamás se ofreció una explicación sobre las anomalías radiales. Cabe señalar que el investigador John A. Keel investigó casos durante los años 60 en los que "transmisiones en un idioma desconocido, parecido al español" irrumpían en los radiorreceptores domésticos y automotrices.
Hasta los músicos de rock han tenido experiencias en este sentido: Rob Zombie recuerda haber tenido su primer avistamiento OVNI en 1973 mientras asistía a una fiesta de "halloween" con sus compañeros del tercer año de primaria. El futuro músico de rock volvía de regreso a su casa cuando vio un OVNI que se cernía sobre el cementerio que colindaba con su escuela. "Fue un momento bastante escabroso", confesó Zombie a la periodista Gerri Miller.
No obstante, la evidencia más apremiante sobre el interés de los OVNI en los desechos mortales de los seres humanos proviene de los cuadernos del periodista Bob Teets, del estado de Virginia Occidental (EUA), quien hizo mención del siguiente caso en su trabajo West Virginia UFOs (1994).
Elk Garden, una aldea de 300 personas en el condado de Mineral, ha sido un punto de atracción para objetos voladores no identificados desde mediados de 1960, cuando los vecinos comenzaron a ver estos objetos cerca de la colina de Nethken, cuyo cementerio contiene las tumbas los ciudadanos más importantes de la aldea así como una iglesia metodista. Los miembros de la familia Kalbaugh, quienes viven en una granja ubicada a poca distancia del camposanto, dicen haber visto "luces extrañas" en dicho lugar desde finales de la década de los 60 hasta principios de los 70, y son conscientes de que sus avistamientos no tienen nada que ver con aviones ni helicópteros. Los testigos coinciden en que las luces eran de color blanco y que iban acompañadas de un sonido estridente.
La más memorable y extraña de las apariciones sobre la colina de Nethken sucedió el 8 de diciembre de 1967, cuando el reverendo Harley DeLeurere y dos varones de su congregación, intrigados por la sucesión de avistamientos, se apostaron en un promontorio desde el cual tenían una vista panorámica de la colina de Nethken y su cementerio. Su curiosidad fue recompensada esa misma noche cuando uno de los hombres vio como aparecía un objeto descrito como "una gran tortuga con luces" sobre la cima de la colina, moviéndose pausadamente hacia la iglesia.
Los testigos quedaron estupefactos por lo que ocurrió a continuación: el objeto en forma de tortuga bajó a aproximadamente seis pies de altura sobre el terreno mientras que proyectaba sus luces hacia el cementerio. Uno de los hombres (identificado por Teets como "Leonard Jr." solamente), recuerda que las luces del objeto penetraban un sepulcro que había sido cavado el día anterior. El reverendo DeLeurere supuestamente comentó que sería buena idea exhumar el cadáver en la fosa para ver si "algo" lo había estorbado. "Daba la impresión de que cada vez que había una fosa nueva, la gente veía luces allá arriba en cuestión de varias noches".
Contemplando estos eventos a través el prisma de las abducciones alienígenas a principios de los 90, el autor sugiere la interesante posibilidad de que los OVNIs estaban enfrascados en la labor de recoger implantes alienígenas de los cadáveres sepultados en la colina de Nethken.
¿A qué se debe el interés que manifiestan los OVNI (sin importar su procedencia) en nuestros lugares de reposo final? ¿Qué partido le sacan a estas búsquedas? El tratar de buscarle sentido a un fenómemeno que se destaca por su falta de razón nos lleva a pensar que los "científicos extraterrestres" podrían tal vez obtener detalles biológicos importantes sobre los difuntos, o según las posibilidades apuntadas en la colina de Nethken, presenciamos una operación de limpieza destinada a la extracción de implantes que permanecieron en los cuerpos de abducidos que lo fueron de por vida.
Existe una posibilidad mucho menos saludable a tomar en cuenta, y es tan alucinante como sórdida: ¿Existe la posibilidad de que los OVNI pudiesen estar tripulados por seres humanos "reciclados"?



 

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